El sentido ecléctico de Sebastián Gordín

Sebastián Gordín expone por primera vez en un museo. Su muestra Un extraño efecto en el cielo puede verse en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires (MAMBA) hasta el 20 de abril y se convierte en una excusa válida para acercarse íntimamente a la obra del artista.

Sebastián Gordín - Mis estudios - Madera, vidrio, bronce y luces. 54x49x103 centímetros. Colección Luis Incera, Buenos Aires. Foto: Pablo Mehanna.

Sebastián Gordín – Mis estudios – Madera, vidrio, bronce y luces. 54x49x103 centímetros. Colección Luis Incera, Buenos Aires. Foto: Pablo Mehanna.

No es un improvisado. El trabajo artístico de Sebastián Gordín empezó hace muchos años y ha ido mutando con el paso del tiempo y la llegada de nuevas curiosidades e intrigas. En Un extraño efecto en el cielo, presenta por primera vez una retrospectiva de su obra que incluye las primeras pinturas —expuestas en el Centro Cultural Ricardo Rojas, en 1989—, y sus trabajos más recientes, del año 2013, en los que plasma su interés por las tres dimensiones: “Me interesa la tridimensión como constructor. Voy asociando materiales que necesitan del apoyo y de la solidaridad de los demás materiales. Por eso me defino como un constructor”, explica Gordín.
La muestra que lo trae por primera vez al MAMBA da cuenta minuciosa del grado de detalle que maneja Gordín. Juega —trabaja y muy seriamente al respecto—, con la combinación de distintas dimensiones, tamaños y planos, y desde allí genera incomodidad y curiosidad en el espectador. Se puede percibir y apreciar su pasión por las pequeñas cosas, sin usar la palabra pequeña como un calificativo meramente físico sino, mucho más allá, como un eufemismo de lo que puede haber sido un gran momento. “Recuerdo de mi infancia los momentos en que íbamos al Ital Park, la bicicleta, el circo, la cancha o el cine”, rememora el artista.
De su afición al cine —llegó a ir de modo compulsivo, vio más de una película por día durante años—, surge la creación a escala de distintos cines y teatros del mundo. Se puede apreciar en Siete cines, del año 1995, donde recrea con precisión el mítico teatro Odeon, de Londres o en Luna Park, que con la misma técnica —reconstrucción a escala en forma de maquetas— hace un recorrido visual pormenorizado del mítico teatro porteño.
Resulta entonces complejo calificar el trabajo de Gordín, no por impreciso sino, —por oposición— por extenso y polifuncional. Conviven en un mismo espacio físico distintas técnicas de trabajo artístico, que van desde la pintura a las artes plásticas, pasando por todas las escalas posibles que el recorrido ofrezca: escultura, arquitectura, y más. “La vida misma es así, el espacio está repleto de formas, de estructuras, de paisajes. A mí el arte me ayuda a vivir, y el espacio que construyo es en el que yo viviría, y por eso necesito de todos esos elementos”, detalla.
En ese plano, su obra está impregnada de algunos destellos que saben a recuerdos. Dos casos representativos y elocuentes de ello son las piezas Biznikke, de 1995, una estructura rígida a base de silicona y en Alfajor Jorgito, de 1993, una pieza hecha íntegramente con resina que traslada la pregunta al espectador: ¿Qué pasó con la mitad que falta? ¿Su ausencia es capaz de dar luz? Interrogantes que el propio Gordín siembra en toda la muestra.

Sebastián Gordín, Biznike, 1995 (Estructura rígida con espuma y película de silicona. Foto: J. Ignacio Merlo.

Sebastián Gordín, Biznike, 1995 (Estructura rígida con espuma y película de silicona. Foto: J. Ignacio Merlo.

Gordín va en busca de elementos que sirvan para su creatividad: “Solía moverme en un radio de diez manzanas del microcentro: la casa del transformador, la casa del celuloide, la casa de los mil artículos, una de mis favoritas. Me gusta ese concepto de ‘la casa de…’, un lugar donde te reciben y te brindan ayuda”, explica. Pero al mismo tiempo entiende que Buenos Aires no es igual que antes: “Hoy Buenos Aires me parece distinta, más hostil”, protesta. La comparativa surge, entonces, de su recorrido por distintas exposiciones y muestras alrededor del planeta: Gordín ha expuesto sus trabajos en galerías de arte y exhibiciones en Madrid, Sâo Paulo, Monflanquin, Marsella, París, Johannesburgo y obtuvo becas, premios y distinciones en varias ciudades del mundo.

Siete cines, 1995. Cartón, celuloide y materiales de ferromodelismo. Colección del artista, Buenos Aires. 15x20x20 cm. Foto: Pablo Mehanna.

Siete cines, 1995. Cartón, celuloide y materiales de ferromodelismo. Colección del artista, Buenos Aires. 15x20x20 cm. Foto: Pablo Mehanna.

Luna Park, 1997. Madera, masilla epoxi, mirilla, plásticos, luces, papel aluminio. Colección del artista, Buenos Aires. 34x48x100 cm. Foto: Pablo Mehanna.

Luna Park, 1997. Madera, masilla epoxi, mirilla, plásticos, luces, papel aluminio. Colección del artista, Buenos Aires. 34x48x100 cm. Foto: Pablo Mehanna.

El trabajo expuesto de Gordín resulta amistoso para grandes y chicos. Pero no parece ser parte de una búsqueda que él entienda consciente y a la que intente llegar: “No pienso en los niños cuando trabajo, pero tampoco pienso en los críticos ni en el público especializado”, aclara.
Desentendido —descontento, tal vez—, del rumbo que está el arte contemporáneo, Sebastián Gordín abre las puertas del atelier de su imaginación y talento a fin de atrapar a quien se acerque simplemente a ver qué pasa.

Sebastián Gordín | Un extraño efecto en el cielo | MAMBA | Fin: 20/04/2014

Originalmente publicado en Notas.org.ar

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