Ver con claridad, sentir profundidad – Entrevista a John McLaughlin

Se puede tener 72 años, el espíritu intacto, un pasado hippie y filosofía oriental. El mundo de John McLaughlin se describe mejor si las palabras que se usan son las suyas, si el camino lo marcan sus acordes y las respuestas su memoria.

—Su música es muy variada. Incluso, la fusión pareciera ser un género propio de sus canciones. ¿Le resulta necesario escapar de lo establecido para poder crear algo realmente nuevo?
Bueno, a ver. Es sólo mi opinión, pero pienso que todo trabajo creativo, el que fuera, música, artes visuales, etcétera, son una expresión de nuestra individualidad, integrados por la experiencia que tenemos con el medio y nuestra vida. En ese sentido, no podemos escapar —ni deberíamos— de nuestras influencias artísticas ni de nada. Personalmente, no deseo escapar de mi ambiente cultural e histórico. Tengo deudas enormes hacia mis héroes en la música, el arte y la espiritualidad. Ellos hicieron que sea quien soy y mi música no sería la misma sin ellos.

—¿Su carrera siempre avanza hacia un progreso o hay momentos de su pasado en que se ha sentido más creativo que en la actualidad?
Yo creo que la mayoría de los músicos tienen una suerte de sueño imposible. Es un sueño en el cual escuchamos dentro nuestro algo que es perfecto —una idea, un concepto—, y puede ser ejecutado con la misma perfección. Y eso rara vez ocurre. Por eso, para mí la perfección es tan simple como hacer lo mejor que podés cada vez que tocás. Con el paso del tiempo, eso se convierte en progreso. Actualmente me siento muy feliz con la música que viene de mi imaginación, sólo por eso continúo trabajando, grabando y saliendo de gira.

—Su música es muy clara, muy nítida. Imagino que es necesario tener la mente en limpio para poder crear y componer con tanta nitidez. ¿Es así?
Es tal cual. Lo que decís es correcto. Hace muchísimos años escuché a un cantante en India. Este tipo cantaba y canta siempre lo mismo. La letra de la canción decía algo como “para ver con claridad, debes sentir con profundidad”. Cantaba las mismas palabras una y otra vez, improvisando. En el momento no sabía cuánto, pero me impactó. Esa canción me pegó muchísimo. Incluso llevé esas palabras a mis meditaciones. Necesito sentir profundidad espiritual, emocional, y no sólo en el día a día. Lógicamente, en esa búsqueda vas a conocer el dolor de vivir con más intensidad, pero paralelamente vas a sentir el placer de vivir una vida más profunda. Y creo que algo de todo eso se ve en cada canción que he grabado.

En la vida de McLaughlin la India no es un país más, una fuente de inspiración o un rincón de paz. Su música y filosofía han sido la brújula armónica y sentimental; una guía para no perder el rumbo.

Foto: Ina McLaughlin

Foto: Ina McLaughlin

—¿Qué significa India en su vida y cómo llegó allí? ¿Fue parte de una búsqueda o simplemente un encuentro que ocurrió?
Cómo explicarlo… —piensa, se ríe, vuelve a pensar— todo se resume a que soy un viejo hippie. En los años ’60, tanto yo como otros músicos, empezamos a buscar en oriente, y en particular en la India, las respuestas a los grandes temas de la vida. Yo estaba dejando de lado el período psicodélico, que me dejó la cabeza llena de preguntas. Entonces era difícil encontrar respuestas en occidente y la mayoría de nosotros optamos por buscarlas en la India, por muchos años. Incluso hemos encontrado muchas de ellas.
Otro aspecto que me cautivó de India es su música. Estudié la teoría de la música hindú entre 1969 y 1978, pero por supuesto estaba muy influenciado por la espiritualidad de ese país. Además de eso, me resultó impactante ver cómo había influenciado a John Coltrane la música hindú. Es un estilo con muchísima improvisación, con mucho terreno común con el jazz, ya que sus principales melodías incluyen innovaciones rítmicas.
En 1973 formé Shakti, un grupo para dar conciertos chicos, como en escuelas o iglesias y cuando me quise dar cuenta, en 1976, no sólo era mi banda principal, sino la única. Hoy, 40 años después, sigo dando conciertos con Shakti y la cultura de la India es parte de la integridad de mi vida y de mi ser.

—¿Qué recuerdos tiene de Argentina?
Tengo muchos recuerdos felices. Un público muy entusiasta. Algo particular que viví en Buenos Aires fue cuando fui a dar un concierto, poco después de la guerra de Malvinas. Me acuerdo que un tipo totalmente sacado se acercó y empezó a putear a todos los ingleses, en especial a Margaret Thatcher. Yo no le dije nada, probablemente había perdido un familiar en la guerra y además estaba de acuerdo en lo que decía sobre Thatcher.

—La música ha sido un buen pretexto para girar alrededor el mundo. Encontrar nuevos lugares y nuevas personas puede ser una fuente de inspiración. ¿Qué le queda de cada viaje?
Me sirve para ver viejos amigos y hacer nuevos. Tengo mucha suerte de ser músico. Mucha gente ama la música, es un lenguaje que todos podemos entender de forma instintiva. Cada vez que viaje veo que toda la raza humana es la misma, es una sola, una misma familia. Para sobrevivir, cada uno de nosotros necesita de cada uno de los otros. Veo tanta comida y agua por tan mal distribuida que no puedo evitar amargarme.

—Sé que cuenta con una colección de guitarras. ¿Cuál es su favorita y por qué?
De todas las que tengo, hay tres que son realmente maravillosas. Una es la guitarra acústica que usé para grabar “Thieves & Poets”, y las otras dos son unas eléctricas de Paul Reed Smith. Son simplemente fantásticas, no podría describirlas mejor.

“La música, es un lenguaje que todos podemos entender de forma instintiva.”

—Leí en una entrevista que Jeff Beck se refirió a usted como “el mejor guitarrista vivo”. ¿Qué significa que alguien de su talla diga eso de usted?
¿Nada? —pregunta con sarcasmo—. No, me hace reir mucho. Conozco a Jeff hace más de 40 años y no sólo es uno de mis mejores amigos: ¡Soy su fan número 1!

—Algunas de sus grabaciones más famosas fueron junto a Al di Meola y Paco de Lucía. ¿Cómo surgieron esos encuentros y cómo fue grabar con ellos?
Mi vínculo con Paco surgió en… —hace memoria— 1978. Me invitó a formar un trío de guitarristas, junto a Larry Coryell. Poco más de un año y medio después, Al remplazó a Larry que estaba con algunos problemas por entonces. Fueron conexiones sensoriales dirigidas por la magia que produce la comunión musical.

De izquierda a derecha, Al di Meola, John McLaughlin y Paco de Lucía

De izquierda a derecha, Al di Meola, John McLaughlin y Paco de Lucía

—¿Cómo sintió la pérdida de Paco de Lucía?
Fue terrible, devastador para mí. Habíamos hablado hacía muy poco. Intercambiamos un poco de música y nos pusimos a charlar para grabar un disco como dúo para fines de 2014… —explica acongojado—. Lo extraño.

“La cultura de la India es parte de la integridad de mi vida y de mi ser.”

—¿En qué está trabajando actualmente?
Acabo de lanzar “The Boston Record”, con The 4th Dimension. Es un buen disco, algo pretencioso pero me tiene satisfecho.

—Por último: ¿Cuál fue el músico más importante con el cual compartió una grabación?
Veamos… —juega a que piensa— siempre hago lo mismo. Simulo pensar en alguien y no puedo dejar de recordar a Miles Davis. Definitivamente fue él.

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