Romaphonic sessions, o la pasión por desnudarlo todo

Cuenta una historia que quizás tenga más de mito que de verdad, que en el año 1915 Charles Chaplin participó en un concurso de dobles de sí mismo. Y perdió. Chaplin, que fue uno de los artistas más versátiles en ocupar la pantalla del cine no pudo componer un personaje que esté a la altura de ser elegido como doble de Chaplin. Lo que pasa con Andrés Calamaro, en cambio, es un claro ejemplo de autoconocimiento, porque no existe nadie capaz de imitar a Calamaro como el propio Salmón. Y por si quedaban dudas, acaba de estrenar Romaphonic sessions, un disco íntimo y delicado, presentado por él mismo como la tercera parte de sus —interminables y eclécticas— grabaciones encontradas.
Como para toda aventura que se precie de tal, no alcanza con mandarse solo, sino que es necesario un cómplice, alguien que pueda interpretar una orden y transformar un capricho en acción. Ese no es otro que Germán Wiedemer, quien puso sus manos a las órdenes de un piano sutil, intenso y preciso, a la medida de la voz del cantante.

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Para esta nueva incursión en viejas cintas, Calamaro hizo lo que mejor sabe y más repite. A saber: tomar un buen puñado de canciones propias y sazonarlo con un poco de Litto Nebbia —‘Nueva zamba para mi tierra’—, algo de Aníbal Troilo y Enrique Cadícamo —‘Garúa’—, unas pizcas de Ástor Piazzolla y Horacio Ferrer —‘Milonga del trovador’— y la cantidad necesaria de hermandad rioplatense con Leo Masliah y la huella de Hugo Fattoruso —‘Biromes y servilletas’—.
A la hora de servir el plato no dejó ningún detalle fuera de lugar y es por eso que eligió algunos de sus mejores trucos —‘Mi enfermedad’, ‘Siete segundos’— y el resultado es un plato que se digiere con una mueca de buen gusto y una afirmación de placer, capaz de dejar ganas de repetir y volver a poner play.

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El registro de Romaphonic sessions surge un poco por azar y otro poco por destino. Calamaro pasaba con ansias sus días previos a telonear a Bob Dylan en San Sebastián. Era 2015 y recibió la confirmación de que volvería a presentarse antes del gran Bob en formato trío acústico. Para ello se juntó en los estudios Romaphonic de Buenos Aires junto a Germán Wiedemer, con el objeto de repasar la rutina a ejecutar en España, hacer algunas reversiones y adaptar algún clásico al formato del show venidero. Esa suerte de ensayo a la antigua, sólo voz y piano, quedó registrada y llegó a manos del Salmón dentro de un sobre. Al repasar el registro de esos dos días de 2015 en los estudios Romaphonic, Calamaro supo que tenía en sus manos algo más que un ensayo: había ahí un disco, un trabajo con necesidad de corporizarse y volverse conocido.

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Así, con esa voracidad por ser prolífico y dejar registro de —casi— todo lo que toca, Calamaro vuelve a abrir el baúl de sus archivos, donde quizás ya no haya piezas que no se conozcan por culpa de esa manía por desnudar todo lo que pasa dentro de un estudio y convertirlo en disco, como ocurrió a lo largo de toda su carrera. Cuenta con ese as de espadas que es saberse consagrado y esa cuota de impunidad ganada por ser uno de los padres de la historia moderna de la música argentina. Por eso se perdona —y se acepta— la versión de ‘Mi enfermedad’, un clásico al borde del desgaste, quizás el punto más flojo de Romaphonic. Por lo demás, este paquete de canciones es una buena compañía para cualquier tarde que el sol pegue de costado y las ideas necesiten descansar. Como el propio Salmón lo presenta: “Máxima pureza”. De eso trata.

Las canciones:
• “Nueva zamba para mi tierra” es una composición de Litto Nebbia que refleja la querencia melancólica por el terruño en la distancia. Calamro y Nebbia la cantaron dos veces en 2005, en la reunión de Los Gatos Salvajes y en el concierto en Obras Sanitarias editado como “Made in Argentina”.

• “Garúa” es una de las composiciones de Aníbal “Pichuco” Troilo, con texto de Enrique Cadícamo, y representa la evolución del tango y la evocación al barrio en su amplio espectro poético y musical.

• “Mi enfermedad” es una versión adaptada del éxito de Los Rodríguez.

• “Biromes y servilletas” es una obra del compositor uruguayo Leo Masliah, que fuera grabada por Milton Nascimento y Hugo Fattoruso, el pianista uruguayo. Andrés y Hugo la cantaron el año pasado en el ciclo Fatto in Casa con el compositor rioplatense Fernando Cabrera.

• “Los aviones” responde a una guía espontánea para los ensayos previos al concierto de julio en Donosti como opening act de Bob Dylan, como el resto de esta grabación.

• “Milonga del trovador” fue compuesta en París por Astor Piazzola y Horacio Ferrer.

• El tándem “Siete segundos” con “El día que me quieras” formaba parte del repertorio de la gira por Estados Unidos del 2011.

• “Absurdo” y “Soledad” fueron grabadas por Calamaro y Juanjo Domínguez para “Sin red”, un disco registrado en vivo en el estudio para la discografía de Domínguez.

• “Paloma” está tocada un tono y medio más abajo que su versión eléctrica, para llevarla hacia un ambiente más intimista y menos enfático.

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