Recursos para llevar el desengaño

Se hace difícil describir a Zambayonny en pocas palabras. Se define a sí mismo como un músico que escribe sus canciones, que no empezó con la música sino con la poesía y la literatura, y alguien que supo construir un personaje que no para de crecer. Me encuentro con él en el primer piso del Centro Cultural Torquato Tasso, sentado en un sillón enorme que compartirá conmigo momentos después. En una hora se presentará junto a Manuel Moretti, lider de Estelares, en un espectáculo en el cual ambos dan lugar a la interpretación de canciones lados-b y demás rejuntes más que interesantes. Pero hasta que eso suceda, hay tiempo para charlar.

—Has sabido sacar provecho de las redes sociales y la comunicación 2.0: tenés más de 70 mil seguidores en Facebook, por ejemplo. ¿Cómo imaginás a Zambayonny en los ’80? ¿Hubiese sido posible?

—Es posible que sí. Pero, de todos modos, hubiese llevado muchísimo más tiempo. Se me ocurre pensar en lo que pasaba con Tangalanga. Ese furor de ir copiando los cassettes, en algún punto, tiene relación con la forma en la cual me comunico con la gente. Son herramientas muy útiles para que la gente esté al tanto de lo que hacés, para anunciar una fecha la cantidad de veces que quieras sin que nadie se enoje, por ejemplo. Volviendo a los ’80, supongo que el método era más lento y menos efectivo, pero creo que al final funcionaba.

—Vas a presentar tu nuevo libro en el Bar Orsai. Casciari es un tipo que supo leer cómo evolucionaba el consumo de la cultura a través de Internet, y vos has sabido capitalizarlo también. ¿Qué postura tenés ante el libre acceso a los contenidos?

Sí, el 8 de diciembre voy a estar presentando Leyenda de un superhéroe, la continuación de Biografía de un superhéroe. Y, como decís, la presentación va a ser en el Bar Orsai, en San Telmo. Yo conozco muy bien el proyecto, de hecho toqué en la presentación del número 1 en Mercedes, y fue muy gracioso, porque yo decía: “Estoy feliz, es mi primer estadio”. Respecto a lo que se mandó Casciari, la verdad que fue muy valiente y estoy completamente a favor de su visión en cuanto al libre acceso a los contenidos. Se lanzó y renunció públicamente, y le está yendo muy bien y le va a ir mejor aún. Pero no hay que olvidar que Casciari además de ser un aventurero, es un talentoso, y cuando esas dos características se conjugan es muy difícil que salga mal.

—La base de tu carrera como músico es el humor. ¿En qué momento dejás de ser un flaco con barba que habla de hacerse la paja y te convertís en un músico que canta canciones y celebra la palabra?

En el primer disco oficial (N. del R.: “Milanesa de pija”, año 2006) grabé El whisky de Dios; ahí había algo mechado entre el humor, entre la paja y la milanesa (risas). Hablando en serio, siempre trato que el proyecto sorprenda. Siempre. La música ha sido el móvil de mi vida, pero también la literatura. En algún momento de mi vida escribía poesías, incluso antes de agarrar la guitarra. Fueron recursos para llevar el desengaño (risas).

—¿Qué creés que provoca más de tus canciones? ¿Las malas palabras (y para eso deberíamos citar a Fontanarrosa y su célebre discurso en el Congreso Internacional de la Lengua Española), o cierta incomodidad? Son canciones que antes no habían sido cantadas.

Hay una mezcla. Es una receta. Si te pasás con algún ingrediente te sale mal, y me ha salido mal mil veces. Te pasás de humor y te falta contenido. Te pasás de contenido y tal vez te falta humor. Es una receta que, por cierto, desconozco, pero voy probando. A veces sale bien y otras es incomible (risas). Hay discos hechos sólo con malas palabras que no han durado nada y discos que son imprescindibles sin haber pronunciado una mala palabra, como Les Luthiers o Leo Maslíah.

"Siempre trato de que mis proyectos sorprendan"

—¿Es más fácil trascender con tus canciones en un país donde todo se vive con tanta pasión? ¿O imaginás posible un Zambayonny en Finlandia?

Nunca lo había pensado. Lo que yo hago es algo muy de la calle, muy de código, muy de amistad, que en Argentina se ve constantemente. Y en las ciudades grandes más todavía: Rosario, Buenos Aires, Córdoba. En España es muy común que no vayas a la casa de tu amigo, hay una cosa un poco más fría, se nota hasta viendo los partidos de fútbol. No es casualidad que países con climas como Brasil propicien más encuentros que países con el clima helado de Finlandia. Pero yo creo que las canciones prenden más por la idiosincrasia Argentina. En España o Chile hubiese sido más difícil. Podría pensarlo, pero me hace mucho más ruido.

—Buscando algunos datos tuyos me topé con un montón de cosas: Que sos suizo. que sos psicólogo, que recorriendo Argentina te volviste loco y empezaste a cantar. ¿Qué te provoca el mito en el cual se ha convertido tu personaje?

¡Cuántas inventé yo! (risas). Me he reído muchísimo, y fue generando una complicidad. Yo fui armando un personaje raro. Que era suizo. Que era psicólogo. Algo raro. Si vos imaginás un tipo que venga de Suiza, pero que habla como vos y yo acá, es, por lo menos, raro. Incluso hay gente que me porfía diciendo que soy lo que inventé, por más que lo desmienta (risas). Es un juego que jugamos todos los que somos parte de este viaje, hace muchos años, pero cada vez menos.

Dispuesto a comenzar a cantar una vez más, me convida un apretón de manos y me invita a escucharlo. Me espera entonces el show junto a Moretti, un par de buenas horas por delante.

Zambayonny y Manuel Moretti | Todos los jueves de noviembre en el Centro Cultural Torquato Tasso, a las 22.

Centro Cultural Torquato Tasso

Dejar una respuesta