Reinventarse para volver a ser uno mismo

Lo primero que hay que tener en cuenta para contar a Queen en 2015 es que ya no es Queen. Que, como dijo John Deacon –exbajista y cofundador de la banda– “sin Freddie no hay Queen”. Pero, dicho esto, sería injusto no decir que el show que los británicos dieron en GEBA junto a Adam Lambert estuvo a la altura de un tributo excelente, con destellos emotivos de Brian May y Roger Taylor –los dos miembros originales que aún siguen en la banda–.

En la fría noche de Buenos Aires, cerca de las 10, la espera se convirtió en emoción y la adrenalina en nostalgia, cuando comenzó a sonar “One visión” [del álbum “A kind of magic”]. Todo lo que podía pensarse de forma prejuiciosa respecto a Adam Lambert y su rol como remplazante de Freddie se cayó enseguida por la borda, ya que el joven talento surgido de American Idol no vino a remplazar a Freddie, pero tampoco a intentarlo: da lo mejor de sí para hacer un show de calidad, con versiones geniales de canciones míticas.
A “One vision” la sucedió “Another one bites the dust” y ahí surge la primera gran intriga: ¿Qué pasó con el bajista de esta nueva versión de Queen? El clásico del álbum “The game” suena diluido. ¿Dónde está el bajo? No es que no se escucha: no se siente. Y es algo que pasará durante toda la noche. Neil Fairclough –el bajista de esta formación– fue clarito al respecto: “A veces pasa que con el bajo es más notorio si está sonando mal que si no está”. Lo cierto es que bien por respeto a John Deacon, por no intentar sobresalir o por decisión artística, todas las líneas de bajo que hicieron poderoso a Queen suenan a poco. Lo mismo ocurrirá en “A kind of magic”, “I want to break free”, “Don’t stop me now” y “Under pressure”, canciones en las que el bajo no era un mero acompañamiento.

Pero el show es más que eso. Sin que hayan pasado siquiera 10 canciones, un eterno y canoso Brian May, con la cabellera intacta, suelta la Red Special –aquella guitarra que fabricó junto a su papá y que lo acompañó toda la vida en cada canción– se pone al frente de “Love of my life” desde una guitarra acústica de 12 cuerdas y hace que las 25 mil personas que pisan GEBA se queden mudas disfrutando. Y promediando el climax, la pantalla arroja la imagen de Freddie, un video sincronizado en el cual canta el final de la canción y arranca lágrimas en toda la gente. Esta noche está sonando Queen.
Después volverá a haber lugar para el show: un tímido sólo de bajo con participación de Roger Taylor jugando con los sticks de la batería sobre un contrabajo eléctrico; un duelo de baterías entre el propio Taylor y el percusionista de la banda, Rufus Tiger Taylor, su hijo. Y luego el orgasmo. A espaldas del público, el paso del tren y la luna asomando entretanto por los claros que dejan las nubes, funciona como extra a una puesta en escena a la altura del espectáculo.
Brian May acaricia las cuerdas de la Red Special, la invita a tomar algo y la seduce hablándole al oído. “Esta noche vas a quedar exhausta”, le promete. Y no falla. Le susurra qué es lo que va a pasar y, después de amarla, la deja desarmada sobre el suelo, pidiendo que por favor pare. Es un animal. Si existen variaciones sobre la obscenidad y la pornografía, una de ellas ocurre en la noche palermitana cuando May acaricia los trastes de la guitarra. Casi sin transpirar hace que cualquiera que se haya cuestionado si valía o no la pena ir a Queen con Adam Lambert despeje sus dudas y sepa que sí, que era necesario. Brillante.

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Mientras todo transcurre y Queen —sí, Queen, esa banda que rockeó alrededor del mundo entero y explotó cientos de estadios— hay lugar para el absurdo entre el público. Como es habitual de un tiempo a esta parte, asistir a un recital es una invitación a ver cientos (¿miles?) de teléfonos sacando fotos y filmando algo que podrían estar disfrutando por fuera del lente. El ejercicio de entrar a YouTube para buscar un video del show al que uno asistió parece no haberse puesto de moda y, por contrario, ganaron la cancha las selfies, los videos fuera de foco y con sonido pésimo.
Así, a pocos pasos de la columna central del campo de GEBA, un hombre –45 años– usa simultáneamente dos teléfonos. A saber: con uno graba lo que ve a través de una pantalla gigante y con el otro se filma a sí mismo, en una clara muestra de que el recuerdo que quiere atesorar es el de él mismo como espectador de Queen, quizás en su escala de valores tanto o más importante que dejarse atravesar por los riffs de May y los golpes de batería de Taylor, dos tipos que vinieron de la tierra donde todo florece en forma de rock.
Pero esa es la parte del decorado que no se ve. En el escenario pasan otras cosas y comienza a sonar “Don’t stop me now”. La gente corea en un inglés flojo de papeles, pero ceñido a la fonética sajona, las estrofas del estribillo con la misma efusividad con la que se entona un himno. ¿Acaso no es un himno de rock?

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El resto del show –26 temas– fueron un recorrido por los clásicos de Queen con algún guiño a los fans tocando canciones que no forman parte de ningún ‘Greatest hits’ como “In the laps of the gods… revisited” o “Las palabras de amor [The words of love]”, por citar sólo un par. Mención especial para “I want it all”, con un colosal May que transportó a la audiencia a la escena londinense de fines de los 80 y para “Killer queen”, con un soberbio Lambert que no dejó dudas respecto a su elección para ser quien cante las canciones de Mercury. Por su parte y desde la batería, un barbado Roger Taylor comandó con su look de capitán de barco una noche en la que sólo faltó el cuerpo de Freddie pero no su espíritu.
Además de las canciones de Queen, hubo lugar para “Ghost town”, canción de Lambert, que se mostró mucho más que agradecido por el público y por la oportunidad que la vida le dio: “¿Imaginen lo que es para mí estar compartiendo escenario con esta gente?”, preguntó de forma retórica antes de lanzarse de cabeza a cantar “Fat bottomed girls”. También dio para que sonara “Last horizon”, canción que May grabó para el álbum homónimo –el primero post Queen–.
Parrafo aparte para el momento de “Las palabras de amor (The words of love)”, con introducción en spanglish de May para explicar que fue una canción “escrita para todos ustedes, amigos”, en medio de la posguerra de Malvinas.
El cierre, por su parte, estuvo en manos de lo mismo que pasa siempre: las remeras de la selección argentina, el saludo cariñoso a un público increíble (“Ustedes están copados”, dice May en español nítido) y los bises de “We will rock you” y “We are the champions” sonaron como sentencia del final. Queen estuvo en Argentina otra vez y llenó a Buenos Aires de rock.

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Queen + Adam Lambert: Don’t stop them now tour 2015.
Estadio: GEBA
Público: aproximadamente 25 mil personas

Setlist:
• One Vision
• Another One Bites the Dust
• Fat Bottomed Girls
• In the Lap of the Gods… Revisited
• Seven Seas of Rhye
• Killer Queen
• Crazy Little Thing Called Love
• Somebody to Love
• Love of My Life
• Las Palabras De Amor (The Words of Love)
• A Kind of Magic
• Bass Solo
• Drum Battle
• Under Pressure
• I Want to Break Free
• Ghost Town
• Who Wants to Live Forever
• Last Horizon
• Guitar Solo
• Tie Your Mother Down
• Don’t Stop Me Now
• Radio Ga Ga
• I Want It All
• Bohemian Rhapsody
Bises:
• We Will Rock You
• We Are the Champions

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