Fito Páez y el manual para sobrepasar cualquier cliché

Lo mejor y lo peor que pudo pasarle a Fito Páez fue lo mismo: El amor después del amor, en 1992. No hay necesidad de aclarar el porqué de entender que fue lo mejor. Ahora bien: ¿lo peor? Sí. Desde entonces, todo lo que vino fue poner a Páez contra Páez, viendo si era capaz de hacer algo mejor que uno de los mejores discos argentinos.
Y siempre tuvo un cómo: Circo beat [1994], Enemigos íntimos, con Joaquín Sabina [1998], Abre [1999], Rey sol [2000], Naturaleza sangre [2003], Moda y pueblo [2005], El mundo cabe en una canción [2006], Rodolfo [2007], Confiá [2010], Canciones para áliens [2011], El sacrificio [2013], Dreaming Rosario [2013] y ahora, su más reciente trabajo: Yo te amo.

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Es posible decir, entonces, que semejante currículum es suficiente para dejar de tomar examen a Páez. No ha hecho otra cosa que lo que mejor sabe hacer: sentarse al piano a componer canciones que dicen lo que tienen que decir, que puden ser inconexas o rupturistas, con 2 ó 100 acordes. A fin de cuentas, lo que Páez siempre hizo es parecerse a Páez, lo cual no es poca cosa.

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Poco antes del fin de 2013, Páez se propuso hacer —una vez más— eso que genera amor / odio de sus canciones: elegir un tema (el amor, por caso), y carcomerlo al punto del desgaste, que nunca llega.

Yo te amo, una canción que bien podría ser de Miranda! Un organito que marca una secuencia plagada de clichés que no llega a ser molesta por poco:

Le voy a pedir
que me haga un huequito en su cama
Va a decir que sí
porque tengo la pócima clásica
las palabras clásicas
yo te amo…no fallan

¿Qué ocurre entonces? Que empiezan a añorarse aquellas buenas canciones suyas de los ’80, mientras Yo te amo se pierde con un riff electrónico de satisfaction y el organito —por fin— se vuelve silencio.

El amor, entonces, se dispone a recorrer las 11 canciones.

Yo te amo es un disco que encuentra al rosarino hablando del amor desde todos los ángulos posibles: del amor a amar (Yo te amo); del amor de padre (Margarita, con algún arreglo de The ballad of John & Yoko escondido por ahí); del amor de un hijo (Perdón) o de la apuesta por Julia Mengolini, su actual pareja (Ojalá que sea).

Pero hay lugar, también, para la reflexión. En “Por donde pasa el amor”, elabora un manifiesto moderno de lo que el amor representa a nivel socioemocional.

Por donde pasa el amor las estrellas se encienden / las angustias se calman / hay un día mejor.

Desde un piano que arranca quejumbroso y grave como el de Luis Alberto Spinetta en A Starosta, el idiota, Páez canta La canción del Soldado y Rosita Pazos, una historia que transcurre en medio de una guerra, que evoca las trincheras de los pichiciegos de Fogwill entre un piano y la voz de Fito.

Poco antes de empalagar, cuando el final de Yo te amo es inminente, en el momento en que todo hace suponer que nos iremos del disco sin un clásico, Páez clava un gol en el descuento: La velocidad del tiempo.

La canción que cierra el álbum está compuesta para Gustavo Cerati, compañero ocasional de ruta y de historias. La mejor forma de entender de qué va es transcribir lo que el propio Páez le pregunta a ex Soda Stereo.

¿Te acordas? fue ayer nomás,
Vos y yo, bailaba toda Buenos Aires.
El tiempo ya pasó y hasta se nos voló Luis,
¿Te acordas en la 9 de julio los tres?
Cantando cada uno su parte.

Miro atrás, estuvo bien,
Pero hay que decir que nos ayudó la buena suerte,
Bendito seas, la última vez que te vi,
No voy a filosofar,
Los dos sabemos engañar a la muerte.

Y todas las luces de tu amor
Y las sombras del dolor
Y las músicas de tu emoción
Y lo que nos pase.

Tan hermoso, no se puede más,
Sos la luz en el desierto,
Cuando las estrellas se apaguen
Va a alumbrarnos tu bondad.

La vida es locura,
Nadie tiene la razón,
Hay signos girando en el espacio, mi amor,
A la velocidad del tiempo.

Y termina. Así, con ese nudo a medio atarse en la garganta. Tal vez, en algún momento de 2013, Fito se sentó a pensar cómo sería su año y, si eso ocurrió, ha de haber hecho unos cuantos planes: 3 discos (El sacrificio, Dreaming Rosario y Yo te amo) y su primera novela (La puta diabla, de Editorial Mansalva). Lo que queda por delante es esperar por ver cuándo todo esto ocurrirá de nuevo.

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