“Lo ideal sería tocar todo lo que uno escucha”

Existe un rincón de Buenos Aires en donde la densidad de supermercados chinos, tintorerías y verdulerías supera la media. En medio de ese escenario hay un departamento de 2 ambientes en el cual un piano suena a contramano de las bocinas y frenadas del barrio de Almagro. Son las manos de Andrés Beeuwsaert las responsables de lograr la atmósfera ideal para poder hablar de música, de su trayectoria como pianista de Javier Malosetti y de Pedro Aznar, de sus viajes y proyectos solistas. De su presente con Aca Seca, la banda folklórica que formó hace más de 10 años, y de las sobremesas con Charly García y Luis Alberto Spinetta.

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Beeuwsaert sonríe cuando explica su método para concentrarse y poder tocar el piano en paz con ese ventanal que mira el cruce de dos avenidas ruidosas: ”Este es mi refugio, los vecinos no me joden con el piano y yo no los jodo con nada”.

—¿Cómo llega la música a tu vida?

—Hace más de 25 años que toco. Tengo 34 años y empecé a los 6. En casa había un teclado chiquito con el cual jugaba. A los 7 empecé a estudiar piano de forma particular porque mis amigos del barrio iban al conservatorio. En Olavarría, donde nací, para entrar al conservatorio tenías que tener 9 años, entonces no podía. Tenía que esperar un par de años y no quería saber nada, así que por un tiempo me olvidé de la música. Pero a los 11 se me despertó la curiosidad, la intriga por los teclados, los sintetizadores; ese mundo de sonidos.

—¿Siempre te dedicaste con disciplina o tuviste momentos en los que la música fue sólo un pasatiempos?

—No sé bien si disciplinado o no, pero siempre me lo tomé en serio. No estudiaba como ahora, pero lo siempre lo tomé en serio, desde un principio. Me pasaba horas tocando en casa, improvisando, sacando canciones que me gustaban.

—¿Y qué te gustaba tocar?

—Las primeras grabaciones, a las que me llevó mi viejo, fueron de covers de Charly García. Yo grababa todos los instrumentos con un teclado MIDI. Eso fue lo primero que me acuerdo de haber hecho en serio. Después empecé a estudiar música clásica en el conservatorio y ahí conocí a mis compañeros y a participar de algunos grupos de rock. Hacíamos versiones de Luis Spinetta, de Charly García. Tocábamos muchísima música experimental, también. Me estimulaba mucho tocar con gente que tenía más de 20 años cuando yo tenía 13. Era un mundo hermoso, desde los 11 años la música empezó a ser lo más importante para mí.

—Empezaste haciendo versiones de Charly García y de Spinetta, y terminaste tocando con ellos. ¿Cómo te pegó eso?

—Muy bien, fue impresionante. Y también me pasó con Pedro Aznar. De chico escuchaba los discos de Serú Girán y él estaba allá arriba, y lo sigue estando. Y terminé formando parte de su banda. Los leía en algunas entrevistas en la [revista] Expreso imaginario que compraba mi hermano. Para mí eran tan espectaculares como inalcanzables, teniendo en cuenta que por entonces ya escuchaba música experimental y ahí me empecé a vincular con lo que hacía Pat Metheny, con quien Pedro tocaba. Con Spinetta y con Charly he compartido sobremesas. Incluso tuve el placer de comer algo preparado por El Flaco, que era tan buen cocinero como poeta.

Con el paso del tiempo Beeuwsaert logró entender que el azar no existe, que las casualidades dependen del esfuerzo que uno haya puesto para que pasen y que las oportunidades se presentan sin buscarlas, por más absurdo que parezca. Ese saber se ha convertido en su guía y le ha permitido llegar a lugares que sólo recorría al soñar.

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"A los 11 se me despertó la curiosidad por el mundo de sonidos"

—¿Cómo nace el vínculo con Pedro Aznar?

—La relación viene por Aca Seca. La primera vez que nos vimos fue en 2003 después de un show de Javier Malosetti, con quien yo tocaba. Fuimos a cenar todos juntos y me felicitó por mi laburo, buena onda. Un tiempo después yo había terminado de grabar Aca Seca Trío, el primer disco con Aca Seca y se lo mandé para que lo escuchase. Al poco tiempo me mandó un mail diciendo que le había encantado y que íbamos a seguir en contacto. En 2004 me mandó un segundo mail en donde me comentaba que quería hacer 2 canciones de Aca Seca. De ahí en adelante fue juntarse con Pedro para pasarnos las canciones, los arreglos. Luego fui a ver el show y fue hermoso escuchar mis canciones tocadas por él. Poco tiempo después me llamó Roxana Amed para grabar en “Limbo” (2004), su primer disco. Casualmente estaba producido por Pedro. Grabamos “Durazno sangrando”, de Spinetta, en la casa de Pedro y todos quedamos muy contentos. Volvió a pasar el tiempo y Pedro me mandó, otra vez, un mail, en donde me comentó que estaba rearmando su banda y que, si me interesaba, el puesto en el piano podía ser mío. ¡Y claro que me interesaba!

Cuando se sumó a la banda de Pedro Aznar empezó lo que el propio Beeuwsaert describe como la etapa del vértigo, los viajes y los nuevos conocimientos.

—Con Pedro empezamos a viajar por toda la Argentina, por Latinoamérica y Europa. Para la grabación de “Aznar canta Brasil” (2005) empezó el vértigo. Pedro tiene una costumbre muy exigente y con ese disco la viví por primera vez. En la primera presentación en vivo, con sólo 8 ensayos encima, se acercó a cada uno de nosotros y nos dijo: “Esto se graba para CD y DVD”. Así que el margen de error, que siempre es casi cero se vuelve definitivamente cero. Después vinieron las grabaciones de “Aznar / Lebón” (2007), “Quebrado” (2008) y “Quebrado vivo” (2009). Hasta ahí fue mi participación en la banda de Pedro. A eso hay que agregarle “Puentes amarillos: Aznar celebra la música de Spinetta” (2012), el disco en vivo grabado para homenajear al Flaco del que participé por invitación de Pedro y con mucho orgullo, mucho amor.

—¿Cómo fue tu experiencia con Javier Malosetti?

—Empecé a tocar con Javier en 2001 y estuve con él hasta 2004. Javier es increíble, crecí muchísimo a su lado, viajamos mucho y se abrió la puerta para algo que jamás hubiese imaginado, que fue participar en televisión. Grabamos “Música para soñar” (2004), un programa en el cual Javier y un músico invitado buscaban darle una vuelta a alguna canción y armar una nueva versión. Fue una experiencia muy novedosa porque ahí empecé a trabajar sin red. Con todo el despliegue de cámaras y luces te imaginarás que no hay tiempo de decir “Uy, me equivoqué, vamos de nuevo”. Toqué con más de 60 artistas con los cuales jamás hubiese tocado de no ser por el programa, desde Diego Torres hasta Raúl Lavié, pasando por Javier Calamaro y Abel Pintos, por ejemplo. Mezclas raras pero interesantes.

—¿En qué situación te encontrás con Aca Seca?

—Cuando dejé de tocar con Pedro me dediqué de lleno a Aca Seca porque sentía que estaba abarcando mucho más de lo que podía apretar. Hablé con él, lo entendió perfecto y nos metimos de lleno a grabar “Ventanas” (2009), nuestro tercer álbum. Ahora estamos grabando el cuarto trabajo, que verá la luz en cualquier momento, que aún no tiene nombre pero lo único que sé es que está quedando buenísimo.

Parece no detenerse nunca. Desde que se sentó frente al piano en su Olavarría natal hasta las últimas grabaciones que han terminado hace algunas horas su disciplina y responsabilidad lo mantienen en vilo, buscando la inspiración, la técnica o la combinación de ambas.

—¿Existe un momento en el cual uno para de aprender y, con todo lo que sabe, empieza a hacer música?

—No, nunca dejás de aprender. Cada día siento que sé menos. Me pasa que escucho más de lo que puedo tocar, entonces eso hace que la autocrítica se vuelva brava. El oído va por un lado y las manos y el cerebro por otro. Lo ideal sería poder tocar todo lo que uno escucha. Hay gente que tiene muchísima teoría muy bien aprendida pero no tiene capacidad de escuchar lo que toca y, entre la teoría y la ejecución, hay que buscar cómo negociar y llegar a un equilibrio.

—¿Qué estás escuchando ahora?

—Estoy muy metido con dos discos: “11 de noviembre” (2012), el nuevo de Silvia Pérez Cruz, una cantante española genial y “New blood” (2011), el álbum sinfónico de Peter Gabriel, que me fascina.

—¿Cuáles son tus imprescindibles?

—Cuando empecé a correrme de las listas que sonaban en todas las radios, los que más me marcaron fueron Pat Metheny, Charly García, Pedro Aznar, Spinetta. Después, cuando entré al conservatorio en La Plata empecé a escuchar mucha música clásica y ahí empezó la pasión por (Ígor) Stravinski, (Maurice) Ravel y (Claude) Debussy. Por ahí está mi música necesaria, por esos lugares.

El piano vuelve a sonar. Beeuwsaert estira sus dedos uno a uno y convida sonidos que se encargan de silenciar —una vez más— las bocinas de la calle. Allí, las manos que supieron acompañar a algunos de los más importantes músicos argentinos comienzan a hacer lo que mejor saben: magia.

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