“Uno nace en un mundo y muere en otro”

Una más de todas las mezclas que surgen en ese universo intencionalmente difuso que es el Río de la Plata, límite y nexo entre Uruguay y Argentina, hecha un grado de certeza más a la corazonada: todo lo que surge y late desde allí transmite emociones, un dato para no dejar de lado a la hora de pensar a quién ponerle play. En ese contexto nace y existe Alejandro Balbis.

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—“Vivir coloreando historias”, cantás de movida en el arranque de “El gran pez”. ¿Cómo y cuánto te ha marcado la historia de Tim Burton?

La película me encontró en un momento difícil de la vida, en el año 2003. Estaba tratando de sobrevivir a la tormenta que acababa de desatarse sobre esta parte del mundo. A su vez, la causalidad trajo la desaparición física de mis seres queridos. Toda la energía estaba puesta en no sucumbir. Todo era inmediato, urgente. No existía ni el descanso ni el reposo, condiciones que me son casi imprescindibles a la hora de escribir o componer.

Dentro de ese marco, sumergido hasta el cuello en un mar de incertidumbre, que alguien un día puso “El Gran Pez”. Inmediatamente vi a mi padre ilustrando las increíbles historias de su ciudad natal, Paysandú. Historias plagadas de leyendas y personajes de fábula. Era un canal abierto hacia un mundo perdido en los tiempos, hacia la increíble nostalgia de la niñez que se me acercaba a medida que transcurría el film. Esa misma noche compuse y escribí el tema que terminó encabezando mi primer y único disco, hasta ahora.

—Respecto a la pregunta anterior, ¿crees que el límite entre la realidad y la ficción de la vida debe ser necesariamente difuso para permitirse disfrutarla más?

No estoy seguro. Sí creo que no puede ni debe ser una sola versión. No sería ficción porque no tendríamos la oportunidad de darnos cuenta de ello, y mucho menos sería realidad, puesto que por lo general los acontecimientos tienen más versiones que testigos.

Sin miedo de caer en la del ladrón que piensa que todos son de su condición, pienso que le damos color a nuestras historias cuando las contamos. Lo interesante es tener claro este punto para tener la apertura mental para saber escuchar otras versiones sin prejuzgar, con respeto, humildad y honestidad intelectual, para así confeccionar y enriquecer nuestra propia versión de los acontecimientos.

"La imaginación es solo el principio"

—¿Dónde te encuentra hoy la música? ¿Estás en el momento de tu carrera que querías estar? ¿Imaginabas este presente?

Mentiría si dijera que no. Pero la imaginación es solo el principio. En algún momento el no tan jovencito y aun inexperto en los menesteres de la convivencia con su propio ego tuvo que sacar esa proyección de futuro del plano lúdico y, por qué no decirlo, cuasi masturbatorio, y convertirlo en plan, en proyecto. Sin mencionar que luego hay que llevarlo a cabo, ¿no?

—Tu música —naturalmente— tiene un acento rioplatense bien marcado: las voces, la percusión, los ritmos. Todo. ¿Creés que te hubieses dedicado a la música si no hubieras nacido en Uruguay o es condición sine qua non haber nacido en ese país hermoso para haberte convertido en músico?

Es haber nacido en el hogar en que nací. Con las personas que me crié. Las decisiones que tomaron con mi tiempo, con mi niñez, mi inocencia, mi vulnerabilidad. Tiene que ver con la manera en que me mostraron el mundo, sus maravillas y sus peligros. Ellos me vincularon con las personas indicadas y en el momento justo en donde se delinea los que seremos en el futuro. Hace casi cuarenta años, en Uruguay.

—¿En qué momento de tu vida supiste que la música no era tu hobby sino tu profesión?

Una noche en que, saliendo de la adolescencia en la rueda del boliche, era el único que tenía unos pesos en el bolsillo.

—¿Cómo te llevás con las nuevas tecnologías y el modo de difundir los contenidos musicales que ha propuesto este cambio en la industria con la llegada —y masificación— de medios digitales?

Uno nace en un mundo y muere en otro. En el medio sobrellevamos el cambio. A veces aprendemos, a veces sucumbimos. Y el hecho es que hoy nuestro mundo y su industria musical están mutando. Y nuestras voluntades, ideologías, escalas de valores, se vuelven irrelevantes ante ese cambio. Solo sucede, como los huracanes o los terremotos.

—¿Qué escuchás en este momento? ¿Volvés seguido a tus raíces musicales?

La música se convirtió en mi única actividad desde hace tantos años que cuando tengo un momento libre lo que menos hago es escuchar música. No puedo dejar de trabajar cuando algo suena.

Allá, en pocas ocasiones, aparece algo que me sorprende y no dejo de escucharlo hasta el hartazgo. Hace algún tiempo que no me pasa. Y, a propósito de las raíces, cuando escucho a [Alfredo] Zitarrosa, [Atahualpa] Yupanqui y algunos otros más, ahí sí disfruto y me dejo llevar por lo que suena. Esto me sucede más seguido.

—Estás trabajando en “Sin remitente”, tu nuevo álbum. ¿Qué podés adelantarme del mismo?

Doce canciones con la banda a full!! Con una concepción de la producción artística y sonora que busco desde hace muchos años. Estoy muy conforme, feliz con lo que suena. Estoy ansioso porque salga. ¡Ya!

—¿En qué rol te sentís más cómodo? ¿Al frente de la banda, siendo tu voz la que marca las pautas, o como productor? ¿Por qué?

Son roles distintos, pero a la vez se tocan. En ambas se trabaja con personas, pero ser ejecutante de lo que estás produciendo es muy diferente a no serlo. De todas formas me gustan y me siento cómodo en ambos.

Así, en paz y con calma se permite pensar que el curso que ha comenzado a dibujar con acordes empieza a colorearse, a plagarse de ecos de disfrute.

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