Bob Gruen, un sobreviviente

Un hombre canoso de rulos deja que el sol de Nueva York le pegue en la cara y entrecierra los ojos. Sin quejarse, se percata de que es un día hermoso: “Otro gran día de sol de junio”, describe. Bob Gruen vive y sobrevive en la ciudad en la cual nació hace 69 años. También allí, en 1974, hubo un antes y un después en su carrera como fotógrafo de rock n’ roll: “Nadie sabía que esas fotos iban a convertirse en el ícono de John Lennon”, explica en referencia a la serie que tomó en la terraza del departamento del ex Beatle, con éste posando con la mítica remera de New York City que el propio Gruen le había regalado un tiempo atrás. Más allá de su vínculo amistoso y profesional con John y Yoko, Gruen tuvo el privilegio de haber fotografiado a artistas de la talla de Elvis Presley, Freddie Mercury, George Harrison, Michael Jackson, Bob Marley, Paul McCartney, David Bowie, Kiss, The Ramones y una larga lista de personajes que no se pueden reducir a la palabra etcétera.

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–Usted tomó algunas de las mejores fotos de la historia del rock. ¿Cree que es posible hacer algo que supere lo que ya ha hecho?
–Bueno… –hace una pausa, recorre sus labios con los dedos índice y pulgar, y piensa mirando el techo–, uno sabe que es difícil. Es muy difícil, pero pese a eso intento e intento. No puedo vivir sin tratar de hacer algo mejor, sobre todo si lo mejor que uno hizo pasó hace 40 años. Pero pese a ello, soy consciente de que hay mucha más gente haciendo fotos que en los ’70. Ese fue un periodo donde todo estaba dispuesto para ser explorado… y yo estaba ahí con mi cámara viendo qué pasaba. Incluso el rock n’ roll es diferente a lo que era entonces. Todo cambió demasiado.

–Dejando de lado su condición de genio, ¿cómo era John Lennon?
–Era un tipo muy divertido. Hablar del talento de John es aburrido porque lo dice todo el mundo y era mucho más que talentoso. Era un gran tipo. Muy inteligente, muy receptivo. Siempre estaba prestando atención. Yo lo conocí en una época complicada, pasaba todo el día –y toda la tarde, y toda la noche– tomando mucho, poniendo su vida en peligro. Pero después cambió. Cuando Yoko quedó embarazada de Sean, Lennon se limpió y se lo veía increíble.

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–¿Cómo fue el día de las famosas fotos con la remera de New York City?
–Habíamos estado conversando un tiempo largo. Él me pidió que le haga algunas fotos para la portada de Wall & Bridges y yo acepté con gusto. Era un día como hoy, despejado, aunque algo más fresco. Subimos a la terraza de su departamento. Tenía una vista hermosa de la ciudad y le pregunté por esa remera –la de la foto–, que le había regalado un tiempo atrás. Fue a buscarla, se la puso e hicimos unas cuantas fotos. Habrán sido más de 40. A él le gustaba posar frente a la cámara. Había sido un Beatle y creo que muy poca gente ha sido tan fotografiada como un Beatle en los ’60. Sabía cómo lidiar con eso. Así que le propuse hacer las fotos en la terraza. Fue una linda jornada de trabajo, muy amena.

La foto de la foto

La foto de la foto

–Algunas de las fotos más famosas de la historia del rock fueron tomadas por usted. ¿Hay alguna foto que diga ‘¡Me hubiese gustado ser yo quien sacó esa!’?
–La verdad que no. Es más, creo que al resto de los fotógrafos le hubiese gustado ser quien tomó mis fotos –responde riendo y sin sarcasmo–, porque tengo un catálogo impresionante y estoy muy contento con las fotos que hice.

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Y es cierto. La lista de músicos que pasaron y posaron frente a la lente de Gruen es inmensa. Blondie, los New York Dolls, Lou Reed, Patti Smith y la lista sigue. Con Ike & Tina Turner salió de gira en los ’70 y el registro de aquellos momentos –en pleno conflicto marital, violencia incluida– se convirtió en On the road’s, un documental producido por el propio Gruen que muestra la intimidad de la pareja.

–¿De qué va On the road’s?
–Hay un momento de tu vida en que, si estás en el mismo auto que Ike y Tina Turner mientras se ríen, se insultan, se besan y se pelean, no tenés más opción que agarrar tu cámara y llevarte un registro de eso. Un testimonio. Bueno, he pasado tantas horas entre ellos que el testimonio se convirtió en un documental que retrata los años del inicio de Tina y del fin de la pareja.

–¿Se siente una estrella de rock?
–Estuve de gira con Green Day hace un par de años, en 2010, y Billie Joe Armstrong me decía: “Eres uno más de la banda, pero tu instrumento es la cámara; ni siquiera hay que afinarla” –cuenta con una mueca de complicidad–. Pero no puedo decir que sea una estrella de rock sino un sobreviviente del rock. Pude haber corrido la misma suerte que mis amigos muertos de sobredosis pero, por alguna razón, sigo acá.

–¿Cómo siente que la gente se relaciona con la fotografía en el siglo 21?
–Todo ha cambiado mucho. Demasiado. Todos llevamos una cámara e instagram en el bolsillo, incluso yo. Me parece divertido, aunque pone en peligro la esencia de la composición fotográfica, porque es un momento en el cual uno se detiene a pensar planos y tomas. Pero, de todos modos, es grandioso ver que la gente se saque tantas fotos sonriendo, disfrutando de la vida, pasando buenos momentos. No sé si lo creo por completo, pero al menos es visualmente atractivo.

Pasaron 40 años de las últimas fotos que Gruen sacó a John Lennon. Dice no tener nada nuevo por mostrar: “Ya no quedan cosas que no se hayan visto. En todos estos años el material suyo se fue asomando y no hay nada nuevo”, explica. Pero ser el dueño de una de las imágenes más reproducidas en la historia lo vuelve vulnerable.

“Al resto de los fotógrafos le hubiese gustado ser quien tomó mis fotos”.

–¿Cómo se lleva con la idea de copyright? Sus fotos de Lennon fueron reproducidas millones de veces.
–Es un robo –protesta–. La palabra que mejor describe qué pasa cuando alguien cobra por una foto que no sacó, es robo. Cada vez que alguien usa es imagen, mí imagen, está robándome, tan simple como eso.

–Pero hay un momento en que la exclusividad de una foto tan famosa se vuelve incontrolable…
–Se vuelve incontrolable –interrumpe– porque la gente la difunde a través de internet y hace que el robo sea más fácil –se queja–. Yo quiero que se me pague por mi trabajo, es bastante sencillo de entender, ¿no?

Pero no es tan sencillo. Los tiempos cambiaron y no son muy parecidos a los años en que Gruen salía de gira y excesos con Led Zeppelin, Sex Pistols o Elton John. Ahora, refugiado en New York, sale poco de gira y se dedica a cimentar viejas amistades, como la que conserva con Yoko Ono desde los 70’s.

–¿Cómo es Yoko Ono?
–Es brillante. Es la clase de mujer de la cual se enamoraría John Lennon, ¿te dice algo? –pregunta de forma retórica–.

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Bob Gruen no se imagina corrido del mundo de la fotografía: “Es lo único que hice en toda mi vida, no sólo no me imagino hacer algo distinto, sino que no sabría hacerlo”, explica con carcajadas interrumpidas por una tos que lo acompañó durante toda la entrevista, como una marca que han dejado los excesos. Se define como un amante de la música: “Yo no imaginaba sacar fotos como una carrera, ni un trabajo; sólo quería estar metido en el mundo del rock n’ roll porque es lo que me gusta desde siempre”, precisa. Así, relajado en su sillón, no parece ser la clase de hombre que vivió demasiado, que sugiere escuchar The strypes –“Una banda de pendejos quilomberos que me recuerda a The Clash. ¡Me explota la cabeza cuando los escucho!”, explica con énfasis–, ni el artífice de que la historia del rock se haya contado en cierto sentido y no en otro. Pero lo es. Bob Gruen, juez y parte en la historia moderna del rock n’ roll.

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