Las aspas de la lujuria

Cuando los ojos de París comienzan a cerrarse, las luces del Boulevard de Clichy empiezan a parpadear hasta quedar encendidas. Por allí, en compañía de la curiosidad, miles de turistas —y ciudadanos locales— van de lado a lado entre vidrieras que ofrecen todo lo que sea necesario para una noche de lujuria y placeres. Los locales —diminutos, sórdidos—, ofrecen desde pornografía en DVD a 3 euros, hasta zapatos para travestis; de disfraces de superhéroes en clave erótica hasta látigos con puntas luminosas.

Moulin Rouge. Esta noche habrá Féerie. Se trata de una obra emblemática, con más de 100 artistas sobre las tablas, incluyendo 60 Doriss girls, nombre con el que se conocen las bailarinas que formó Doris Haug, quien está a cargo de la inmensa escenografía de la noche.
En la mesa, una botella de champagne helada. Dos copas. Las luces se vuelve tenues y un sinfín de mujeres desnudas bailan con una sonrisa inmensa. Sus ojos brillan, sus cuerpos son la proporción exacta para convertir la noche en elixir. Es el lugar de París donde hay que brillar, y ellas lo consiguen. El molino más famoso de las noches del mundo abrió su puerta en 1889 y desde entonces han pasado artistas del porte de Frank Sinatra o Liza Minelli. Esta noche, las bailarinas con sus tetas intactas, sin exageraciones, dejan su traza.

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Primer acto: el despliegue es inmenso. Las luces coordinan con cada paso y la música parece ser parte de las escenas en las que Alberto Olmedo y Jorge Porcel iban a bailar a una boîte con Susana Giménez y Moria Casán en las películas de los años 80. Vuelvo a París. El champagne vuelve a asomarse en las copas y las chicas no han dejado de sonreír. Se mueven mostrando sus cuerpos con total naturalidad. Dos mujeres —alemanas, 60 años, robustas—, ríen a carcajadas a mi lado mientras golpean sus codos y susurran en el idioma más agresivo del planeta. Tal vez se recuerdan jóvenes. Quizás hayan sido parte de todo esto.
Sandokán. Así se llama este número según el programa. El espectáculo cambió su curso y la música tomó tintes arábigos. Los vestuarios se vuelven imponentes, fastuosos. Muchísimos colores —verdes estridentes, rojos satánicos, azules punzantes—, y una trama que discurre entre el amor prohibido de una mujer y un hombre de rasgos árabes, piel morena, sonrisa Colgate y la elasticidad de un contorsionista. Sus piernas estilizadas parecen producto de no haber pateado jamás una Tango.
Los gestos traen más champagne a la mesa. Es el momento de un intermezzo a cargo de un ventrílocuo que hace hablar a 3 muñecos entre sí: un perro que domina el francés, un oso que conversa en inglés y un pirata que responde en español. Es un recurso válido para hacer reír a un público multilingüe. Es un espectáculo anclado en el tiempo. La ropa del ventrílocuo, la estructura del cabaret. Quizás el champagne, pero todo esto y las luces del escenario remiten a los años ’80. Entre aplausos el showman se va y da lugar a un nuevo acto.

Es momento del circo. Los artistas se multiplican: cinco, diez, cincuenta. Una docena de mini-caballos falabella amaestrados, más chicos que un pony. Van y vienen, se vuelven parte de la coreografía y generan dudas: ¿Serán muñecos que olvidó el ventrílocuo? La respuesta es no, el último caballito de la fila hace caca al costado de una señora con sombrero: los muñecos no cagan. Mientras la música se escurre, los equinos deambulan por el escenario y se diluyen en la oscuridad que nace bajo el telón. El público se lastima las palmas aplaudiendo.

Llega el corolario de la historia de amor prohibido entre la mujer joven y el árabe. Se besan, se aman, se prometen amor eterno y se escapan juntos. Alrededor, cientos de bailarines y bailarinas saltan, bailan, gritan y cantan con fervor. El público acompaña con una ovación de pie, las luces empiezan a desperezarse.

Una vez afuera, las aspas del molino se dejan ver mientras giran en sentido horario, iluminadas de rojo. A la derecha se deshace París mientras el sol comienza a matar la noche. Es hora de volver. Cuando el día se canse y la noche asome, el Moulin Rouge volverá a despertar.

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